¿Vamos a continuar la investigación científica?

Traduciendo a A. Grothendieck y D. Guedj (Original en francés)

Caricatura Traducida

Caricatura de Savard traducida

Desarrollo y finalidades de las "Ciencias Exactas"

Desde sus inicios en el siglo XVI, las ciencias exactas se han desarrollado en gran medida independientemente de nuestras necesidades esenciales. Por el contrario, su desarrollo ha estado evidentemente muy condicionado por presupuestos y objetivos económicos e ideológicos previos; estos, a su vez, han sido influenciados ampliamente por la ciencia en caminos ajenos a la vida. Esta influencia se ha hecho sentir no solo por las consecuencias de los progresos técnicos que la ciencia ha hecho posibles, sino también en la justificación que las formas de pensar llamadas "científicas" proporcionan cada vez más a las condiciones de vida que prevalecen hoy y a la ideología dominante que las sustenta. Particularmente significativa a este respecto es la supersocialización de la que todos somos víctimas, en todos los campos de actividad (tanto manuales como intelectuales), y la estratificación de la sociedad según criterios llamados "objetivos" de subordinación de las diversas especialidades entre sí, o de competencia individual (o mérito) dentro de cada especialidad.

LA IDEOLOGÍA CIENTIFICISTA

En el siglo XVI, en Occidente, el modo de pensamiento científico cruzó una etapa importante para convertirse en nuestra época en el modo de conocimiento dominante. Este modo de conocimiento se pretende universal y, además, se quiere el único verdadero. Verdadero porque solo él "da cuenta de la realidad": es decir, que solo el uso del método experimental-deductivo permite acceder a conocimientos válidos.

De ser progresista en una época, la ciencia, por su tendencia imperialista, se ha convertido en una de las herramientas de destrucción más poderosas de otros modos de conocimiento:

  • destrucción de culturas no técnico-industriales.
  • en nuestros países, encarnada por la tecnocracia, no tolera deseos y verdades en las personas sino es por referencia a ella.

El cientificismo se ha convertido hoy en la ideología dominante de todos los países del globo (con reservas solo para China)1. Según ella, solo el experto estaría facultado para pronunciarse sobre cuestiones que son competencia de su especialidad. Este mito del cientificismo sienta las bases del poder colectivo de la tecnocracia y de sus privilegios. Así, el cientificismo es también la ideología de la tecnocracia, que a su vez es un instrumento dócil en manos de la clase dominante, formada por los grandes patrones políticos, industriales, financieros y militares.

LA CIENCIA ACTUAL COMO PRINCIPAL FUERZA NEGATIVA

La ciencia tal como la conocemos hoy es una de las principales fuerzas negativas en el desarrollo de la sociedad. No se puede criticar sin cuestionar al mismo tiempo a quienes la definen por su propia práctica: los científicos, que forman las capas superiores de la tecnocracia. Estos aspectos negativos se expresan por:

1°/ Independientemente de las motivaciones de los investigadores individuales, la ciencia pone en manos de una minoría de "jefes" una potencia inmensa y potencialmente destructora, poniendo así en peligro nuestra propia supervivencia, por primera vez en la historia de nuestra especie.

2°/ El conservadurismo de la casta científica, y los mitos pretendidamente "científicos" del cientificismo, sirven para justificar las condiciones dominantes de la sociedad presente y la tendencia autodestructiva (bautizada como "progreso") de la civilización industrial hacia un crecimiento ilimitado de la producción industrial, del consumo, de la ciencia presente y de las técnicas que la acompañan; crecimiento concebido como un fin en sí mismo, sin preocuparse por nuestras necesidades y nuestros deseos ni por las exigencias de humanidad y de justicia.

3°/ El método de las ciencias, en su práctica actual, engendra relaciones alienantes (competición, jerarquía, nepotismo, ...) entre los investigadores científicos, y una fuerte tendencia hacia el elitismo y el esoterismo. Estas tendencias se reflejan fielmente en tendencias idénticas de la sociedad global.

4°/ En la gran mayoría de los casos, la motivación de la investigación científica no es ni la felicidad de la humanidad, ni la necesidad de creatividad del investigador, sino que reside en una fuerte coacción social, ya que la publicación de resultados se ha convertido en la condición de la promoción social, o incluso de la simple "supervivencia" social para mantener su empleo o encontrar uno. Así, la investigación científica se ha convertido en un fin en sí mismo; para la sociedad, un simple medio de selección social, y para la persona, un arma en la lucha por su lugar bajo el sol. Esto se refleja también en condiciones análogas en el conjunto de la sociedad: con raras excepciones, la actividad profesional de cada uno de nosotros es alienante, castrante. Cumple así perfectamente su función de hacernos insertar dócilmente en una civilización globalmente incoherente, marcada por la competición, por la expansión ciega, por la represión que sufrimos todos desde nuestro nacimiento, por la explotación y por la desposesión de cada uno de nosotros, sin excepción, de todo poder sobre nuestra vida.

HACIA UNA NUEVA CULTURA

La civilización industrial tal como la conocemos conlleva tales catástrofes que nos parece condenada al colapso en las próximas décadas. Este colapso no podrá ser evitado mediante enmiendas o incluso cambios puramente técnicos; es hora, por el contrario, de poner en primer plano los deseos y las necesidades de las personas. Es así como podrían nacer civilizaciones y culturas nuevas, que representarán una nueva etapa en la evolución de la vida. Gérmenes de una tal Cultura Nueva existen desde hoy, y desde hoy podemos asociarnos a su crecimiento. Como poderosos catalizadores en tal evolución, podemos prever el surgimiento de olas sucesivas de revoluciones culturales en diversos países del Este y del Oeste, como la que tuvo lugar en China, y (a una escala más modesta) en Francia, en mayo de 1968, —desencadenadas por la toma de conciencia progresiva por las masas de la alienación de cada uno de nosotros, y de la incoherencia global de nuestro tipo de civilización.

HACIA UNA NUEVA CIENCIA

Estos trastornos irán a la par con el nacimiento y la progresión de una nueva ciencia, es decir, de una nueva práctica científica, que serán las de nuestras necesidades y de nuestros deseos. Esta se distinguirá de la práctica actual:

1°/ En la elección de los objetivos, que estarán siempre subordinados a las necesidades y a los deseos de todos los hombres. El principal esfuerzo de la investigación se centrará en tareas como la agricultura, la ganadería y la piscicultura, la producción de energía descentralizada para pequeñas comunidades, la "medicina popular", el desarrollo de tecnologías "ligeras" que utilicen pocos o ningún material no renovable como los metales, —todo esto en un espíritu "ecológico", constantemente preocupado por el mantenimiento de los equilibrios naturales.

2°/ En el método, que ya no se limitará a una separación artificial entre las facultades puramente racionales y otros medios poderosos de conocimiento, como nuestra intuición, la sensibilidad, el sentido de lo bello y de la armonía, el sentido de la unidad en la naturaleza y con la naturaleza. Desaparición del tipo de "especialista", siendo la investigación de cada uno estrechamente ligada a su vida cotidiana y a la satisfacción de las necesidades de sí mismo, de su familia, de su comunidad o de su pueblo. Reunión de las actividades corporal y mental, en contacto constante con el medio natural.

3°/ En las relaciones humanas promovidas por el trabajo científico: desaparición de las relaciones jerárquicas entre especialistas, especialmente de la subordinación de oficios "manuales" a oficios "intelectuales". Cada uno (ya sea principalmente granjero, jardinero, pastor, piscicultor, médico, técnico...) es potencialmente en su actividad principal un "científico", un investigador.

Desaparición del centralismo científico como de cualquier otro centralismo; el centro de gravedad de la investigación se desplaza del laboratorio a los campos, los estanques, los talleres, las obras, las camas de los enfermos..., con un despliegue de las fuerzas creativas del pueblo en su totalidad. Enfoques interesantes hacia una tal Nueva Ciencia se están desarrollando en China y, a menor escala, en América, bajo la influencia de un grupo de científicos, los Nuevos Alquimistas, que se han fijado como objetivo desarrollar desde ahora y poner en práctica ciertas técnicas que prefiguran las de la era post-industrial, mediante los esfuerzos combinados de miles de granjeros, jardineros y aficionados al bricolaje de todos los rincones del país.

LA CIENCIA COMO JUEGO

El primer objetivo, y el más urgente, de la Nueva Ciencia será permitirnos asumir nuestras necesidades materiales esenciales (comida, ropa, vivienda), sin ser esclavos de ellas mediante un trabajo agotador y sin atractivo. Solo lo logrará en la medida en que una gran parte de la población se asocie creativamente a su desarrollo, convirtiéndose en investigador, en su práctica diaria. Es así como nuestro trabajo, devuelto a su función primaria de medio para la satisfacción de nuestras necesidades materiales, podrá al mismo tiempo transformarse en una "praxis", una actividad creativa completa, acercándose cada vez más al juego, que es su propio fin. A medida que logremos satisfacer mejor nuestras necesidades materiales, este aspecto de juego tomará un lugar preponderante en todas nuestras actividades, incluido el desarrollo de la Nueva Ciencia. Es posible que en una etapa posterior, la Nueva Ciencia retome con un espíritu nuevo algunos de los principales temas de la ciencia de hoy, la mayoría de los cuales, si no todos, habrán caído sin duda en un merecido desuso en el curso de sucesivas revoluciones culturales.

LA NUEVA CIENCIA PARTICIPA EN EL PROCESO DE TRANSICIÓN A UNA CIVILIZACIÓN NUEVA

Por su naturaleza misma, la nueva ciencia será un agente de transformación radical de la sociedad actual. Sa práctica presupone que sea realizada por la libre iniciativa de todos, y no reservada a élites o vanguardias de iniciados. Es uno de los medios para superar radicalmente la simple crítica y realizar nuestro deseo de construir otra vida, y para destruir las bases mismas de las relaciones de poder y de explotación.

La Nueva Ciencia puede definirse como la ciencia del Pueblo y no como la Ciencia para el Pueblo. Tal transformación solo es manifiestamente posible cambiando profundamente tanto el contenido de la ciencia actual como su método, que será definido por la práctica diaria del pueblo. Solo así la ciencia dejará de ser una herramienta en manos de unos pocos para asentar su dominación.

A. Grothendieck y D. Guedj